La adoración que agrada a Dios, desagrada al enemigo




El salmista David, sin duda, sabia agradar a Dios, pero a la vez le causaba serios disgustos al enemigo. La adoración, conciente o inconcientemente, lleva esas dos vías;
agradas a Dios y desagradas al enemigo.

En el salmo 47, David nos insta, guiado por el Espíritu Santo, para que aplaudan, pueblos todos: aclamen a Dios con gritos de alegría!.

¡Cuan imponente es el Señor Dios Altísimo, el gran Rey de toda la tierra!, sometió a nuestro dominio las naciones; puso a los pueblos bajo nuestros pies; escogió para nosotros una heredad que es el orgullo de Jacob, a quien amó..."

El mundo esta aplaudiendo a sus héroes, enalteciendo a los violentos, a los artistas, deportistas y lideres en el mundo de la política, la guerra y los negocios. Los verdaderos adoradores están aplaudiendo y aclamando “con gritos de alegría” en todos los pueblos de la tierra.

Satanás querría impedir la “invasión” de la adoración a Dios en todas las naciones, pero el mandato de David se esta cumpliendo paso a paso, aún dentro de las naciones musulmanas después del tsunami, han tenido que reconocer que el mueve y remueve la tierra, es el único que trae juicio a menos que se le alabe y cuando se le alaba y se le reconoce, trae pronto auxilio aunque la tierra sea removida.

La adoración y la alabanza retraen la mano de Dios, para ejecutar sus juicios pero el no hacerlo, le hace extenderla contra sus enemigos.

La adoración debe hacerse en alta voz, no solo dentro de los edificios de los templos o casas, sino afuera, de tal modo que los pueblos enteros escuchen:

¡ “Cuan imponente es el Señor Altísimo”! , ¡” Al Gran Rey de toda la tierra"!

La adoración maximiza la obra de Dios y minimiza la obra de Satanás. La adoración declara que nuestro Dios es ¡el Rey de toda la tierra! con lo que de inmediato destrona a otros reyes que se quieren enseñorear de las naciones.

Pero lo más poderoso de la adoración es la declaración de David; ¡“sometió a nuestro dominio las naciones y puso a los pueblos bajo nuestros pies”!

Bajo esta declaración, los verdaderos adoradores toman dominio y autoridad en todas las esferas de la sociedad, en lo económico, familiar, político, físico, material, social y espiritual; destronan los poderes del enemigo que han incursionado en estas esferas.

La verdadera adoración debilita la corrupción, la violencia y todo lo que conduce a los vicios cometidos contra el cuerpo del ser humano, los adoradores dignifican el cuerpo del hombre como templo del Espíritu Santo, solo los verdaderos adoradores pueden adorar con el dueño de su templo: ¡el Espíritu Santo! y entonces recuperan el dominio en las naciones, creen y aceptan que ¡"las naciones están puestas bajo nuestros pies”!

Finalmente; “nos escogió para nosotros una heredad” no tenemos que escogerla ¡El ya la escogió para nosotros! terrenos, posesiones, fabricas, empresas, ministerios, familias, pueblos enteros, para que sean el orgullo de Jacob, a quien amó..."

Los verdaderos adoradores son esos 'Jacob', a quien Dios mismo cambio por medio de la sangre de su hijo Jesucristo y los transformo en “el nuevo Israel” en la nación santa, real sacerdocio, pueblo escogido y adquirido por precio para que anuncien las virtud de aquel que nos amo..."' a quien amó..."

Los verdaderos adoradores, son odiados por el enemigo, pero a la vez, son grandemente amados por su Dios y Señor: Cristo Jesús, Yeshua, el hijo de Dios.

Y cuando somos amados por el, somos protegidos, bendecidos, prosperados, curados y llenos de su Espíritu Santo. Bien vale la pena ser 'verdaderos adoradores " de los que le adoran en espíritu y en verdad.

 escrito 248331_10150190426833951_630298950_7283702_6540949_n.jpgMelissa Bonilla Paniagua